martes, 18 de octubre de 2011

diez

Golpea con fuerza y sin miedo antes de que los recuerdos oxidados te escondan en un pequeño agujero, privándote de luz y de sonrisas, de palabras y de vida, dejándote en silencio, a solas con la soledad. Mata, asesina sin temor a todos aquellos momentos que llaman una y otra vez desde el pasado, para que vuelvas a él, para que olvides tu presente y te encierres en callejones sin salida, repletos de flores podridas y amapolas muertas. Vete, adelanta al destino, no dejes que sea él quien decida cada final. Pinta tú mismo la estrella que te guia.

lunes, 28 de marzo de 2011

el baúl

Hoy me ha invadido la añoranza, se ha quedado a hacerme compañía. Es un día lluvioso, no me molesta tenerla cerca. Es más, la echaba de menos. Hacía demasiado tiempo que no me paraba a recordar, que no tenía ganas de llorar al revivir momentos pasados.

He buscado en el baúl de mis recuerdos, y he vuelto a ese lugar en el que el tiempo no existía. Por un instante, creo estar allí otra vez, con ellos, con ellas. Siento la arena en los pies, oigo sus voces, río con sus risas, rozo sus labios. Cómo disfruté todos esos días, ¿verdad? Me gustaría poder dominar el tiempo, hacer eternos los momentos felices. Pero no es posible, hay que aceptar la realidad. Lo que pasó, pasó. Ahora siento un nudo en el estómago. No se si son nervios, recuerdos escondidos, o lágrimas dispuestas a salir de un momento a otro. Cierro el baúl, intentando así centrarme en el presente, ese que se tambalea, que vive tan incierto, que intenta seguir mi ritmo, aunque yo huya de él.

La lluvia sigue cayendo, y añoranza está cada vez más cerca de mí. "Llora, pequeña", me repito a mí misma. "Sé que lo necesitas". ¿Recuerdas cómo fue todo tiempo atrás? Yo nunca lo olvido, y también lloro, por estar lejos de esos días...

domingo, 20 de marzo de 2011

maldito principe

No importa la raza, no importa si eres rana o camaleón, no me importa tu nombre, ni tampoco el color de tus ojos. Dame un beso, rózame el alma con un suspiro, hazme tuya y que el mundo tiemble. Maldito mundo de engaños. Y yo creía que te amaba, y te amo... pero no te lo digo, y aún así lo sabes. No me engañaré olvidándote, no me olvidaré de los besos clandestinos en la ciudad, no olvidaré los paseos entre murallas, no olvidaré el roce de mis manos con tu cuerpo, no te olvidaré, no. Pero lo intento, porque quererte me hace daño, quererte me quita la vida y quererte me destruye el alma, te amé demasiado, y tú no supiste o no quisiste verlo. Una cucharada de sal y otra de limón, dulce sabor amargo.

- Quítame la espina con cuidado
- ¿Te hago mucho daño?
- Esa no es la herida que me duele

Sangre recorre mis mejillas y un dolor me apuñala por dentro. Maldito príncipe, me enamoraste sin piedad. Me prometiste una carroza pero me conformé con una calabaza. Me prometiste un reino y me conformé con una mirada. Me prometiste una vida contigo y ahora me conformaré con recuperar la mía.

Ahora cierro el corazón y alzo mi mano, ahora me toca a mí encontrar esos zapatitos de cristal que me lleven a un mundo de hadas...

lunes, 14 de marzo de 2011

que se joda

Subí a lo alto de las nubes, y al asomarme allí estabas tú, con la mirada perdida. Quise saltar, más no pude. Quise amarte, pero no me dejaste. Se me fue el corazón volando, perdí todos y cada uno de mis latidos. Y ahí seguías tú, en el suelo, y yo en las nubes. Tú no querías subir, yo no podía bajar. El tiempo se iba consumiendo, quemaba cada espina, cada momento, cada recuerdo. Seguías con la mirada perdida, con la cabeza por un lado y la mente por otro. Intenté saltar de nuevo, pero me faltaban fuerzas. Me dí por vencida. El humo del cigarro del olvido me ahogaba, me senté en las nube, con los pies colgando, dándole patadas al sol. Y entre el humo pude ver como poco a poco te alejabas, huías con quien menos te necesitaba. El egoísmo pudo contigo, y me quedé sola, con unas cuantas penas de más y el enfado del sol, que se quejaba de tantas patadas sin motivo. Que se joda.

domingo, 13 de marzo de 2011

la punta de tus dedos

La niña que se esconde en la punta de tus dedos ha decidido retar a la suerte, al pasado y al destino, que todavía no ha jugado sus cartas. Los dados reposan sobre la mesa. La pequeña los lanza al aire, y la suerte le acompaña. Poquito a poco va avanzando por el camino de las tinieblas, y tras dos rasguños y unas cuantas almas descabezadas, ha conseguido desvalijar el pasado. Una pequeña nube de recuerdos le persigue durante el resto de la aventura, pero ya da igual. Los olvidos inolvidables han desaparecido para siempre. Al fin, llega al bar donde le espera el destino, con las nubes como ejército y el frío en las entrañas. Pero la niña que se esconde en la punta de tus dedos es valiente, y con unas palabras lentas y un dulce beso, consigue ganar al destino, manejarlo con soltura, cortarle las alas, y pintarlas de nuevo, pero esta vez a su antojo, para poder volar siempre que quiera.

viernes, 4 de marzo de 2011

la envidia

La envidia es muy mala, te ciega, se apodera de ti, no te deja vivir, te sumerge en el mundo del engaño y vives un deseo incontrolable que te ciega. La envidia es un no vivir, un no soñar, un no sentir... La envidia suele definirse como la tristeza por el bien ajeno; un sentimiento desagradable que se produce al percibir en otro algo que se desea y que dificulta el desarrollo del que lo sufre, y sus relaciones con los demás. Se mezclan emociones de naturaleza contradictoria, como por ejemplo, el desear tener lo que otro tiene, la admiración por lo que el otro ha conseguido, el dolor por no tenerlo, la indignación por considerar injusta la diferencia que se observa o la incertidumbre por no entender a qué se deben las diferencias que producen la envidia. La envidia se produce como consecuencia de dos tendencias que llevan al individuo a desear lo que no tiene y a compararse con los demás.

Y ese es el problema, que tú jamás te podrás comparar a mí. Y tal vez es eso lo que te duela, lo que no te deja vivir, pero es que verás, me produces indiferencia, no existes para mí, y eso creo que duele, pero así es la vida; no siempre tenemos lo que queremos.

Siempre me propongo que no me harás daño , y créeme que no me lo haces, ya verás tú que haces con tu vida, pero deja un poco en paz a la mía. Que sí, que se que es difícil que alguien te aguante, que alguien te soporte, que la gente sonríe falsamente cada vez que tú abres la boca, pero aún así te voy a dar un consejo: Proyecto Hombre. Ve, corre. Desintoxícate de mentiras y de maldad, que bien te hace falta.
Conmigo no ganas.

jueves, 24 de febrero de 2011

la risa muere

"Realmente no sé que hago aquí, si mis palabras no hacen reír a nadie, si mis colores no alegran sus miradas, si mi felicidad no gana un pulso a su tristeza. Ya no valgo, ya no importo. Y no hago nada para evitarlo. Sólo llorar lágrimas de impotencia, calmar mi dolor con sucias mentiras. Me cuento historias que nunca existieron. Me hago creer que los niños sonríen a mi paso, que soy esa pizca de felicidad que todos necesitan. Mentirse está bien, en dosis reducidas. Ha llegado el momento de descubrir mi verdad. Vivo en la ciudad gris, donde sólo se respira tristeza. Para nada sirven mis colores, mis globos, mi nariz roja, mis zapatones, mi enorme peluca. Son personas tristes, les gusta serlo, y no hay más.

¿Qué pinto aquí, en una ciudad sin luz ni alegría? Nada. Intenté dar pinceladas de color a cada calle, a cada mirada, a todas las sonrisas. No obtuve ningún efecto. La pintura se perdía con la caída de sus lágrimas. No la saboreaban, ni siquiera lo intentaban. Seguían sumergidos en su mundo gris, sin mirar hacia delante, siempre observando el sueño. Perdidos, sin rumbo, sin aspiraciones, sin nada por lo que luchar. Quise cambiar su filosofía de vida, pero fue imposible. Me doy por vencida. No hay nada que hacer. Sigo llorando como una niña sin piruleta. ¿Qué más da? A nadie le importa. Poco a poco mis fuerzas huyen con los segundos. ¿Para qué quiero seguir viviendo? La felicidad era mi única amiga, pero ellos, todos ellos la han matado. No me quedan valores por los que seguir. Quise hacerles luchar, y nadie lo intentó. En esta ciudad oscura no hay sitio para una payasa con ganas de gritar alegría. La salida cobarde me llama."

Y en el fondo de un callejón oscuro, se escuchó una escandalosa risa, seguida del eco de un disparo. Todos lloraron su muerte, pero nadie la echó de menos. La ciudad oscura no entendía sus risas. Realmente, no supieron apreciar aquello que habían perdido, la única gota de color escondida en esos muros.