jueves, 24 de febrero de 2011

la risa muere

"Realmente no sé que hago aquí, si mis palabras no hacen reír a nadie, si mis colores no alegran sus miradas, si mi felicidad no gana un pulso a su tristeza. Ya no valgo, ya no importo. Y no hago nada para evitarlo. Sólo llorar lágrimas de impotencia, calmar mi dolor con sucias mentiras. Me cuento historias que nunca existieron. Me hago creer que los niños sonríen a mi paso, que soy esa pizca de felicidad que todos necesitan. Mentirse está bien, en dosis reducidas. Ha llegado el momento de descubrir mi verdad. Vivo en la ciudad gris, donde sólo se respira tristeza. Para nada sirven mis colores, mis globos, mi nariz roja, mis zapatones, mi enorme peluca. Son personas tristes, les gusta serlo, y no hay más.

¿Qué pinto aquí, en una ciudad sin luz ni alegría? Nada. Intenté dar pinceladas de color a cada calle, a cada mirada, a todas las sonrisas. No obtuve ningún efecto. La pintura se perdía con la caída de sus lágrimas. No la saboreaban, ni siquiera lo intentaban. Seguían sumergidos en su mundo gris, sin mirar hacia delante, siempre observando el sueño. Perdidos, sin rumbo, sin aspiraciones, sin nada por lo que luchar. Quise cambiar su filosofía de vida, pero fue imposible. Me doy por vencida. No hay nada que hacer. Sigo llorando como una niña sin piruleta. ¿Qué más da? A nadie le importa. Poco a poco mis fuerzas huyen con los segundos. ¿Para qué quiero seguir viviendo? La felicidad era mi única amiga, pero ellos, todos ellos la han matado. No me quedan valores por los que seguir. Quise hacerles luchar, y nadie lo intentó. En esta ciudad oscura no hay sitio para una payasa con ganas de gritar alegría. La salida cobarde me llama."

Y en el fondo de un callejón oscuro, se escuchó una escandalosa risa, seguida del eco de un disparo. Todos lloraron su muerte, pero nadie la echó de menos. La ciudad oscura no entendía sus risas. Realmente, no supieron apreciar aquello que habían perdido, la única gota de color escondida en esos muros.

domingo, 20 de febrero de 2011

mi novio es poeta

Mi novio es poeta. Me susurra rimas al oído, me canta palabras, me regala un verso en cada beso. Y al final de la noche, me recita el poema entero, y mi sonrisa va creciendo letra a letra. Cada mañana despierto ansiosa de esa boca que nunca quiero que viva en silencio. Me cuenta historias que nunca acaban, cuentos de princesas y de hadas. Y únicamente río, porque ya no existen lágrimas.

Mi novio no existe, jamás ha existido. No es mío, ni de nadie. Vive en mis sueños, y cada anochecer mi inconsciente le despierta dándole los buenos días suavemente, y mientras abre los ojos, me acomodo a su lado, e intento no moverme, para ir quemando segundo a segundo allí, a su vera, sin nadie más, sin nada más.

miércoles, 9 de febrero de 2011

querido diario

Querido diario, hace meses que apenas te escribo, y ni me paro a abrir tus hojas y recordarte. Hoy he vuelto a escribirte, meses más tarde. He sido tan feliz que ni te busqué. El mundo es egoísta, hoy me falta musa... y el aire (me falta el aire...)

Él me respondió:
Yo desaparecí hace tiempo. Ya no existo. Llegaste tarde. Como siempre, como siempre, como siempre, como siempre. Te advertí que debías mirar más a menudo el reloj.

Aprenderé más a mirar el reloj, pero aun así seguiré haciendo siempre tarde. Aprenderé a no fingir sonrisas. Mis sonrisas por la noche son el silencio, comiendo piruletas, asomada a la ventana, esperando a que llames a mi puerta y sonreír contigo. He aprendido a tapar lo que sientes. Que por no ver no ves lo que hay a tu lado. Frágil. Muy frágil. Desnuda de alma. Mareas en los hombros. Y miles de debilidades humanas mojándole el pelo. Y en los pies... casualidades.

martes, 8 de febrero de 2011

hablar en susurros

Nació del silencio, de buscar con esas cosas pequeñas mías, dónde sólo quería entregar en letras momentos, sentimientos, deseos... Comencé pidiendo perdón por querer la libertad, y gritando sola en el desierto. Había sabor a dolor. Contando pequeños relatos lograba atrapar su corazón y su piel. Me acompañaste en mi silencio, en huir de una historia que nunca comenzó y si tuvo su fin; una casualidad que era mi sueño.

Era una chica rota por dentro y por fuera, que gritaba. Me mirabas, hablabas de susurros, de desear y de invadir tentando el placer. Te contaba que esta desconocida era yo. Que sentía y mi piel hablaba. Me hablaste de esperanzas y sueños, como un gran caballero andante. Te escuché y te volví a mirar. Dejé un pasado y me instalé frente a ti, me cautivaste y me atrapaste en tu encanto. Te dije que quería todo contigo, jugar con mis olas y hacerte el amor con ellas. Jugar con tus sentidos.

Sobreviví para ti. Tenía códigos que hablaban sólo para dos. Te gritaba que eras mi razón. Te invitaba cada noche a mi cama, te hablé en susurros y te dije que eras el chico que ahora soñaba. Comenzó un silencio que nunca entendí, cambió todo de la noche a la mañana, te pedí infinitas veces que avisaras si te ibas. Todo eran silencios y tú nunca me dijiste nada. Te invité a beber sorbos de placer y de seducción. Te conté que Paris ya no era romántico sin ti y que el cuadro que tú comenzaste en mi queda sin terminar.

Me di cuenta que ya no estabas.

Y mi cuerpo estaba lleno de códigos que dejaste hasta debajo de la piel, te dije mil veces que dolía, y si no te lo dije imagínatelo, desde el alma hasta la piel. Nunca debí enseñarte a hablar en susurros...