Hoy me ha invadido la añoranza, se ha quedado a hacerme compañía. Es un día lluvioso, no me molesta tenerla cerca. Es más, la echaba de menos. Hacía demasiado tiempo que no me paraba a recordar, que no tenía ganas de llorar al revivir momentos pasados.
He buscado en el baúl de mis recuerdos, y he vuelto a ese lugar en el que el tiempo no existía. Por un instante, creo estar allí otra vez, con ellos, con ellas. Siento la arena en los pies, oigo sus voces, río con sus risas, rozo sus labios. Cómo disfruté todos esos días, ¿verdad? Me gustaría poder dominar el tiempo, hacer eternos los momentos felices. Pero no es posible, hay que aceptar la realidad. Lo que pasó, pasó. Ahora siento un nudo en el estómago. No se si son nervios, recuerdos escondidos, o lágrimas dispuestas a salir de un momento a otro. Cierro el baúl, intentando así centrarme en el presente, ese que se tambalea, que vive tan incierto, que intenta seguir mi ritmo, aunque yo huya de él.
La lluvia sigue cayendo, y añoranza está cada vez más cerca de mí. "Llora, pequeña", me repito a mí misma. "Sé que lo necesitas". ¿Recuerdas cómo fue todo tiempo atrás? Yo nunca lo olvido, y también lloro, por estar lejos de esos días...