martes, 21 de diciembre de 2010

el abecedario

A, de asfalto que baña las calles cuando un soplo de tu mirada apaga las luces con cuidado, en silencio, sin chistar.
B, de besos perdidos con tacto amargo y áspero, pero delicioso, demasiado convincente.
C, de caídas que desvanecen entre las arrugas que dejamos en las sábanas noches atrás, cuando el tiempo aún existía.
D, de dientes que desgarran palabras tatuadas en un trozo de papel, saboreando la tinta, lamiendo letra a letra.
E, de estrellas emergentes en una mañana de Occidente, cuando el Sol sigue en pie, y las bocas hablan demasiado.
F, de fuego que quemó lo poco que nos quedaba, eso que guardé con tanto esmero, que ahora sólo es ceniza.
G, de gigantes meticulosos que rompen todo aquello que se cruza en su camino, sin importar qué horas son, sin corazón.
H, de herida sangrante a la luz de las velas, con una sonrisa falsamente enorme como escenario, arañando vidas dormidas.
I, de incienso que arde clandestinamente en el sótano de cada alma, con olor a deseo desenfrenado, a hostal de carretera.
J, de jérseis de lana para dos, con bolitas de algodón en la solapa, y las mangas demasiado rozadas por los "te quiero"
K, de kilómetros de ausencia que se caen por la escalera, rompiéndose en pedazos sin pensar en el mañana, muriendo poco a poco.
L, de lenguas deslenguadas que gritan silencios a la Luna que ahora duerme, a los sueños que hoy pintamos.
M, de manchas de carmín que dejamos en la camisa de algún desconocido, áquel día del que poco recordamos.
N, de nubes de terciopelo que acarician cada ilusión libre que dejamos volar, sin miedo a que perdieran en el intento.
O, de olores que se confunden con el sudor de tus pestañas, que laten imprecisas al compás del reloj que nos marca los segundos.
P, de péndulos en los ojos que nos colgamos áquel otoño que fuimos capaces de desafiar la gravedad.
Q, de química abstracta que surge de la nada al sumerger cuerpo a cuerpo en una bañera de orgasmos y deseos.
R, de retales de ilusiones escondidos en una caja de cartón, que se cosen entre ellos cuando sube la marea.
S, de serpiente despistada que mordió nuestro deseo mientras nuestras almas charlaban después de hacer el amor.
T, de tazas de café que albergan terrones de azúcar dispuestos a perder la vida en un mar de lamentos descafeinados.
U, de utopía demasiado perfecta que guardo en el bolsillo de mi chaqueta, esperando el día en el que hacerla libre.
V, de versos ensangrentados que nacen de manos poetas que deliran, pues vendieron la cabeza por un poco de poesía.
X, de xerófilos punzantes con los que pasamos noches acaloradas en el desierto de mis entrañas.
Y, de yacijas en las que pusimos a dormir cada sonrisa, mientras mirábamos anonadados el solsticio de verano.
Z, de zalamerías engañosas que nos regalan mil caprichos y una única verdad.

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