miércoles, 29 de diciembre de 2010

emprender la huída

Se trata de seguir. Y me planteo como poder hacerlo desde el suelo, y no me valen manos, no encuentro el modo de levantarme, y tengo la sensación de que si lo hago me romperé otra vez, en otra esquina...Y esta vez no encontraré adhesivo con el que pegarme cuando estalle en pedacitos. Dulce y amargo entre latidos suaves del corazón.

Siento el temblor de una partícula de nada. Se está tan bien aquí. Entre el vacío y el olvido...y tú estás conmigo y no sabes verme, y el mundo sigue en llamas, ardiendo en la oscuridad, entre fantasmas presos de soledad. Si te miro me pierdo entre alfileres. Como en un cuento. He aprendido a levantarme muchas veces desde el suelo, pero ahora creo que no quiero; mejor será que me quede un ratito aquí, jugando a dibujar mi nombre, y a esperar que una ráfaga de viento borre las huellas de mi vida, esa que voy dejando, esa que va marcando. Y entre susurros y una sonrisa al alba abandonó su lugar, cogiendo el primer tren con destino al olvido. Con los sueños como su único equipaje, y dejando su identidad en el destierro.

Algunos osados la llamaron poco cuerda, y unos pocos valiente, sin embargo nadie supo nunca nada. Nada frenó su marcha, nadie ni siquiera se lo impidió. Y desde el desván, entre sueños robados y lunas escondidas en los bolsillos, la vida se ve un poco menos dura.
Con la extraña manía de creerme la vida...

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