Querido diario, hace meses que apenas te escribo, y ni me paro a abrir tus hojas y recordarte. Hoy he vuelto a escribirte, meses más tarde. He sido tan feliz que ni te busqué. El mundo es egoísta, hoy me falta musa... y el aire (me falta el aire...)
Él me respondió:
Yo desaparecí hace tiempo. Ya no existo. Llegaste tarde. Como siempre, como siempre, como siempre, como siempre. Te advertí que debías mirar más a menudo el reloj.
Aprenderé más a mirar el reloj, pero aun así seguiré haciendo siempre tarde. Aprenderé a no fingir sonrisas. Mis sonrisas por la noche son el silencio, comiendo piruletas, asomada a la ventana, esperando a que llames a mi puerta y sonreír contigo. He aprendido a tapar lo que sientes. Que por no ver no ves lo que hay a tu lado. Frágil. Muy frágil. Desnuda de alma. Mareas en los hombros. Y miles de debilidades humanas mojándole el pelo. Y en los pies... casualidades.
No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos.
ResponderEliminarSaludos muchos